sábado 3 de octubre de 2009

La tregua


"De pronto se quedó inmóvil, con una carta en lo alto, y su mirada era a la vez perdida y melancólica. La vigilé durante unos instantes, luego, le pregunté en qué pensaba. Entonces, pareció despertarse, me dirigió una mirada desolada y, sin poderse contener, hundió la cabeza entre las manos, como si no quisiera que nadie profanara su llanto.(...) En ese momento, no parecía una mujer de veintitrés años, sino una chiquilina, momentaneamente infeliz porque se le hubiera roto una muñeca o porque no la llevaran al zoológico. Le pregunté si se sentía desgraciada y me contestó que si, le pregunté el motivo y dijo que no sabía. No me extrañó demasiado, yo mismo me siento infeliz a veces sin un motivo concreto. Contrariando mi propia experiencia, dije: (Oh, algo habrá. No se llora por nada.)
Entonces empezó a hablar atropelladamente, impulsada por un deseo repentino de franqueza: "
Tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada, y nada acontece, y nada me conmueve hasta la raiz. Miro a Esteban y miro a Jaime y estoy segura de que ellos también se sienten desgraciados. A veces (no te enojes, papá) también te miro a vos y pienso que no quisiera llegar a los cincuenta años y tener tu temple, tu equilibrio, sencillamente porque los encuentro chatos, gastados. Me siento con una gran disponibilidad de energía, y no se en qué emplearla, no sé qué hacer con ella. Creo que vos te resignaste a ser opaco, y eso me parece horrible, porque yo sé que no sos opaco. Por lo menos, no lo eras."
Le contesté ¿qué podía decirle? que tenía razón, que hiciera lo posible por salir de nosotros, de nuestra órbita, que me gustaba mucho oirla gritar esa inconformidad, que me parecía estar escuchando un grito mio, de hace muchos años..."

M. Benedetti

martes 29 de septiembre de 2009

Pero el amor...


"Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (como te gusta el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado. Y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vós, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname.
Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fíjate. Pero fíjate bien, porque no es gratuito. ¿Por qué es gratuito? Por miedo a empezar las fabricaciones, son tan fáciles.
Sacás una idea de ahí, un sentimiento de otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: Te quiero. Total global: Te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor que sienten por sus esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."

Rayuela. Julio Cortázar

Espacio Europeo de Especulación Superior: el comienzo

Compañeros estudiantes, preparemos el funeral, la Universidad pública está siendo asesinada por el capital.
El irónicamente llamado Espacio Europeo de "Educación Superior" nos ha sido impuesto desde las altas esferas políticas, siendo silenciado desde el primer momento por las autoridades académicas provocando así la más absoluta desinformación, y reprimiendo para ello las voces de miles de estudiantes que durante los últimos meses pedíamos un referendum que reflejara la realidad de la opinión estudiantil sobre los nuevos planes de estudio.
Por supuesto, gracias a la maravillosa democracia que existe en nuestro país y de la que nuestro gobierno "de izquierdas" se enorgullece constantemente, aun lo estamos esperando.

Pero tranquilos, los planes de Bolonia nos traen el comiento de una nueva era.
La era de las licenciaturas convertidas en fábricas de precarios, grados generalistas adaptados a las demandas de las empresas.
La era de la necesariedad de los post-grados para capacitarnos con los conocimientos que hasta ahora contenían las licenciaturas, pero ¡sorpresa! sin financiación pública. Estad tranquilos, si sois hijos de obreros, siempre podeis hipotecaros el futuro pidiendo una beca-préstamo.
Ya comienza la era de la reducción y privatización de nuestras carreras, la era de la desigualdad de oportunidades para acceder al último reducto de conocimiento que a esta sociedad le queda.
Recibamos con los brazos abiertos al capital privado en nuestra universidad, y que el mercado decida qué debemos estudiar dependiendo de las necesidades empresariales; prescindiendo en gran medida, por supuesto, de las carreras de humanidades, menos utiles para intereses del mercado.
Despidámonos del sentido crítico y racional orientado a la búsqueda del conocimiento y a intereses sociales (que no comerciales) que poseía este pilar básico de nuestra sociedad.
Enterremos bien hondo a nuestra universidad pública, pero seamos precavidos y dejemos espacio en el ataud, porque compañeros, ¿para qué engañarnos? sabemos que el trasfondo de este ajuste intelectual que nos están haciendo es un proceso de privatización que acabará afectando a todos los servicios públicos.
Bolonia es solo el comienzo...


Distópica

lunes 28 de septiembre de 2009

A pesar


A pesar
de nuestra mala suerte de cuerpos sin patria
donde caernos muertos de amor








"¿Estaré reseco? Sentimentalmente, digo" M. Benedetti

domingo 27 de septiembre de 2009

(Hoy le contestaría)

"-Sí, te conozco, he conocido a otras como tú-Ahora hablaba con una extraña sabiduría, sin elevar la voz(...)-Las más listas, las que han nacido para comerse el mundo, para dominar a los hombres, para explotarse provechosamente a sí mismas, son las que más se esfuerzan en contradecir su destino, y las que peor acaban...

-¡Porque tú lo digas!

-Sí, porque yo lo digo, y te doigo además que lo tuyo no tiene remedio. Porque no eres capaz de estar callada, ni de tragarte la rabia, ni de meditar los insultos, tú nunca podrás aguantar a un imbécil de traje azul y corbata el tiempo necesario para tener hijos y mandarlos a Irlanda, tú te enamorarás como una salvaje además, del hombre que menos te convenga, un individuo dévil y enfermizo, doble, que te llamrá impaciente cuando seas sincera, insensible cuando seas sincera, dura cuando seas sincera, y puta cuando seas sincera, y acabará dejándote tirada por una estudiante de piano, tan débil y tan falsa como él, no lo dudes, y eso en el mejor de los casos, porque la otra posibilidad, la del hombre aparentemente duro que te fascinará por su aplomo y te seducirá para lucirte como una joya más de su corona, te precipitará todavía antes en el alcohol y te convertirá en cliente habitual de las casas de socorro. No merece la pena exponerse a llevar eternamente marcadas las cejas por una estudiante de piano, porque ésa será la que se lo lleve al huerto, a cualquiera de los dos, ya puedes tenerlo claro. ¿No te ha contado tu madre que los hombres siempre se quedan con las sositas...? Y dale gracias a Dios por tener madre, que si no acabarías haciendo la calle y él retirando a una puta sosita, que también las hay..."


Te llamaré Viernes
Almudena grandes

sábado 26 de septiembre de 2009

Escrito el 12-5-2006

Querido Mohamed:

No hace demasiado que nos conocemos, unas pocas semanas desde que llegaste al bar y nos cambiaste un poco la rutina.
Desde algún que otro cliente me ha preguntado por qué te di trabajo, y cuando lo escuchas, sé que has aprendido aunque sea un poco de castellano, por que me miras con una mezcla de agradecimiento y extrañeza. Cada vez que se te cae un vaso, o no entiendes el tipo de café que piden me miras pensando, probablemente, que en breve llegará la reprimenda y tendrás que irte como de otros sitios antes.
Por eso te escribo esta carta, creo que te mereces saber la verdad, aunque solo sea una pequeña explicación, y sobre todo una señal de ánimo.
Si hago esto, el contratarte, el darte las facilidades que he podido, el defenderte frente a los más cerrados, es tal vez por que yo he estado en tu situación. Sé lo que duele que si se te cae un plato o un vaso tengan la excusa para ponerte de patitas en la calle. Solo que yo tuve suerte, solo estuve en esa situación un verano, trabajando, como tu lo haces ahora, en un bar en el que te hablan en algo que suena como el gorgojeo del agua para ti. Pero lo tuyo es peor, lo sé, sé que tendrás que quedarte aquí.
Me hubiera gustado tener valor para decírtelo a la cara, pero tu sabes que soy un poco cobarde, no como tú. Te admiro. Supongo que yo haría por mis hijos lo mismo que tu haces por tus padres, pero aun así comprendo lo duro que debe de ser para ti.
Te querría haber tendido la mano, te querría haber abrazado cuando empezaste a chapurrear. Sé que es triste que la primera palabra que aprendiste a decir aquí fuera “cerveza”, yo sé que te merecías un trabajo mejor.
Pareces listo, siempre llevas algún libro en el macuto que no te quitas nunca, seguro que sabes mucho más que todos esos estúpidos que afirman que tú, como todos los magrebís, moros como ellos os llaman, sois una plaga para España. Seguro que los entiendes, seguro que intuyes lo que dicen solo por sus caras. Yo lo sé y se lo advierto, pero ellos afirman lo contrario. Entonces tu pareces dolido, pero aun asi me miras como diciéndome que comprendes que yo no les puedo rechistar, que son mis clientes. Puedo reconocer es esos ojos los ojos que le ponía yo a mi jefe en Suiza.
Y también reconozco la cara que pones cuando llega una carta de tu familia, reconozco las lágrimas que asoman a tus ojos cuando miras en tu cartera y encuentras la foto de tus hermanos.
Eres demasiado joven para estar aquí. Supongo que además, al conocerte me entró un poco de paternalismo. Tienes la misma edad que mi hija, la que estudia en Alicante. Os llevareis bien este verano cuando os conozcáis. Se parece a ti, tiene tu espíritu soñador. Espero que nunca se atrofie eso que os une. Espero seguir viendo la esperanza en tus ojos.
Por eso te doy esto, por eso te quería decir que he empezado a estudiar francés para poder comunicarme mejor contigo, y que eres el mejor trabajador con el que he podido contar jamás.
Ánimo, vales todo y más, pronto veras como las cosas mejoran. Tal vez puedas traerte a tu familia aquí, siempre que ves a mi hijo con los libros hechos polvo escribes alguna línea mas en alguna de tus cartas, supongo que tus hermanos también estarán estudiando, o intentándolo. Además me encantaría conocer a las personas que le dieron la vida a alguien tan valiente como tú.
Nos vemos frente a la máquina de café.
Juan


Distópica

jueves 24 de septiembre de 2009

***

Orgasmo de ojos sin mano

Orgasmo de ojos sin mano (Basilio Pozo-Durán)

Quiero ver atardecer desde tu vientre para que el sol ponga llamas en tu sexo y abrir tus labios con un río de saliva y fluidos. Quiero ser la lengua que no tienen tus dedos, las otras dos manos apretando tus senos y poner en tu boca el sabor de tu flujo, y ese olor que no destruye el suavizante con que lavas tu prenda más ocultada.

Quiero que de tanto no estarte quieta encima de mi centro, tus rizos de atrás y de delante, de arriba y de abajo, de tu cuello a tus orejas, se enreden, formen nudos fuertes, una red de cabellos rebeldes. Porque después de follar es el mejor momento para peinarte. Desenredar tus rizos, extenderlos sobre tus hombros, acariciarlos en tu espalda clara y suave como una lengua. Y al pie de ella mirar los destellos todavía calientes de mi semen rociado en tu cintura.

Entonces tú, soñolienta y despierta, ligera e incapaz casi de moverte, te tiendes. La sábana deja sólo al aire tu espalda y tu cintura. Las piernas, más cercanas a la tierra, siempre son las primeras en tener frío. No me lo pides pero yo sé lo que quieres. Un masaje. Con crema: una composición exclusiva para una piel como la tuya. El sudor de tu espalda se mezcla con las gotas derramadas de mi semen. Subo mis dedos por el centro de tu espalda, aprieto mis palmas a la altura de tus hombros y las voy deslizando hasta tu cintura. Luego hago el mismo recorrido haciendo círculos pequeños con mis nudillos.

Cada golpe de olor de esa crema, cada pliegue que dibujo en tu espalda, cada nervio, cada músculo, cada hueso que te descubren mis manos es como una mano espiritual que me hiciera una paja. Que apretara y agitara mi pene. Al terminar el masaje te quedas como dormida-pero-despierta, en un lugar indeterminado entre la sábana que cubre tus piernas y mi pene. Y esa mano espiritual me lo ha puesto duro. Sí, vuelvo a estar excitado pero tú casi duermes.

Entonces llevo mis dedos a mis sienes. Me las acaricio en lentos círculos mientras recreo en mi mente cada gesto de ese masaje que a ti tanto te relaja y que a mí por el contrario me excita. Siento mi pene cada vez más grande y más grueso, noto como se levanta más y más como queriéndose liberar de los testículos. Sigo con mis dedos en mis sienes, los ojos cerrados y pensando en ese masaje. Noto los primeros intentos de eyacular, las primeras vibraciones, pero paro. No, no quiero eyacular, no hace falta ya.

Pude sentir esa sensación del orgasmo, sin excitarme manualmente y sin eyacular. De repente mis piernas tienen frío y las abrigo frotando mis manos sobre ellas. Abro los ojos y te veo. Ya estabas despierta, con unos ojos llenos de admiración y ternura. Golpeas suavemente el colchón con tu mano, invitándome a recostarme a tu lado. Entiendo entonces que lo has visto todo, que me estabas mirando mientras alcanzaba ese mi primer orgasmo sin mano.

Me acuesto a tu lado, miro tus ojos y siento que han sido ellos los que me llevaron hasta ese orgasmo.