martes 7 de junio de 2011

Los placeres de estudiar Derecho

Estudio una carrera universitaria, concretamente una licenciatura en derecho, y más en especial durante el estimulante periodo de exámenes finales que es el mes de Junio.
En mi primera clase de Derecho Constitucional, hace ya tres años, me hablaron maravillas del órgano que tiene la última palabra a la hora de interpretar nuestras leyes, el "espíritu del 78", la cúspide de la pirámide normativa, ese ente que decide sobre todo nuestro ordenamiento jurídico, el intocable, el Tribunal Constitucional.

Y una se imagina a los magistrados cuales sabios pitagóricos, perfectos, que aparecen en los grandes momentos para interpretar el sentido de lo justo, el espíritu del 78.
Qué bella imagen, qué bonita ilusión. El placer de estudiar Derecho es darte cuenta al poco tiempo, de que la tranquilidad de una estructura jurídica perfecta que nos abraza y nos hará justicia, no es más que dogmática de biblioteca. Pitágoras se transforma en un Sócrates muy sofista. Aquí abajo, en el mundo real, ni vivimos tan felices ni comemos más de lo que nuestras manos se ganan.

Y el Derecho viene a ser un mecanismo para tapar la lucha de intereses que existe en la sociedad, proclamando de forma unilateral el interés que El Espíruto del 78 considera "lo justo". El interés que al Estado le interesa, valga la redundancia. ¿La verdad? No nos engañemos, la "verdad".
El Derecho, con todo su entramado de normas, jerarquías y estructuras procesales no es sino una enorme maquinaria de marketing, de manipulación. En la que los publicistas se encargan de dar coherencia externa a la resolución del conflicto, haciendo que esa "verdad" aparezca como la única posible, la más lógica, la verdadera.

Para ello, se crean mecanismos que separan a los jueces de estos intereses contradictorios. Para nombrar al Tribunal Constitucional, la responsabilidad se reparte en órganos separados, tan separados como el culo del pederasta a la pared de las duchas de Carabanchel.

Según la Constitución Española: Nombrará el rey 12 magistrados escogidos de entre profesionales del Derecho, de reconocido prestigio y con al menos 15 años de experiencia profesional:

- El Congreso (compuesto por dos fuerzas políticas, digamos el equipo Rosa y el Azul). Escoge a 4.

- El Senado (compuesto por similar proporción de rosas y azules), se agencia otros 4.

- El Gobierno, Rosa o Azul (dependiendo de a quien otorgó la mayoría nuestro bipartidismo, 2.
Sobra decir, todos ellos "progresistas" o "tradicionales", Rosas o Azules, ¿políticos? Por favor, ¡qué ultraje! jamás de los jamases.

- Los 2 que nos quedan los elige el Consejo General del poder judicial, por supuesto apolítico y neutral en todos y cada uno de sus 20 miembros, 8 de ellos nombrados por el método descrito arriba, y 12 propuestos por las asociaciones profesionales, esos entes que sustituyen formalmente a los Partidos políticos porque se empeñaron los Partidos de Derechas allá por el 78 durante la creación de nuestra Constitución. Ya lo decían en Roma: La mujer del César no solo debe ser honrada sino también parecerlo. Fraga le plagió la segunda parte.

Y ante esta disfunción ocurren paradojas como la que presenciamos con el Estatut. El conflicto entre lo Constitucional y lo Democrático. Un texto aprobado en referéndum y por los órganos democráticos catalanes, puede no ser Constitucional, y dejar de tener validez al instante, por obra y gracia del espíritu del 78. La cuestión, la gran mentira de la democracia, es que gracias a una careta formal, mediante una ficción jurídica, 12 políticos apolíticos han decidido que una decisión mayoritaria del pueblo no es democrática.
¿Nos gobierna una ficción jurídica?

Lo siento niños, el coco no existe, el espíritu del 78, tampoco. Nos gobiernan los de siempre.
Excelencias de vivir en democracia.

1 comentarios:

Eddy dijo...

brillante, peque!
la solución, ya sabes...queroseno.